Corona de Adviento- Encendemos la segunda vela

8 diciembre 2019, Segundo domingo de Adviento

Una vez más nos reunimos, atentos al anuncio de la llegada de Dios nuestro Señor. Se acerca la gran fiesta de Navidad, la fiesta del Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Belén y en cada uno de nuestros corazones. Preparémonos a recibir a nuestro salvador reuniéndonos en torno a esta corona.

Oración al encender la segunda vela:

 “Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando, florece el desierto. La humanidad entera se llena de esperanza porque Dios ha sembrado esa esperanza en nuestra carne. Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. Ayúdanos a HACER CAMINO en este tiempo de Adviento. ¡Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!”

Señor, gracias por reunirnos una vez más en torno a esta corona. Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y prepararnos para recibirte. Por Cristo Nuestro Señor.

TRIDUO EN HONOR A LA INMACULADA CONCEPCIÓN- DÍA SEGUNDO

TRIDUO EN HONOR A LA INMACULADA CONCEPCIÓN- DÍA SEGUNDO

“Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.”

EL SILENCIO DE MARÍA SE HACE ACEPTACIÓN, OBEDIENCIA Y FE

Son  inmensas las virtudes de la Virgen María: llena de gracia, el Señor está con Ella, humilde, sencilla, disponible ante la voluntad de Dios, generosa. Dios tiene sus planes para Ella, como para ti y para mí, pero Él espera la cooperación libre y amorosa de cada uno para llevarlos a término. María nos da ejemplo de ello: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). No es tan sólo un sí al mensaje del ángel; es un ponerse en todo en las manos del Padre-Dios, un abandonarse confiadamente a su providencia entrañable, un decir sí a dejar hacer al Señor ahora y en todas las circunstancias de su vida.

A cada uno de nosotros nos toca decir «sí» a lo largo de nuestra vida. Cada día se nos presenta como una oportunidad para abrirnos al Plan de Dios, aceptarlo y colaborar para que pueda así expandirse su Reino de Amor entre los hombres. Tomemos consciencia de nuestra necesaria docilidad a Dios. María nos enseña con su magnífico ejemplo.

PAPA FRANCISCO NOS DICE:

“Es una jornada para dar gracias al Señor y para preguntarnos: ¿Yo soy un hombre o una mujer del ‘sí’ o soy un hombre o una mujer del ‘no’, o soy un hombre o una mujer que mira un poco hacia otra parte, para no responder? Que el Señor nos de la gracia de entrar en este camino de hombres y mujeres que han sabido decir ‘sí’.»

NUESTRO PROPÓSITO:

Para poder conocer qué es lo que Dios quiere para ti y responder como María, te ayudará permanecer en silencio delante de Dios, leer y meditar la Biblia. Por ejemplo, puedes elegir un pasaje del Evangelio, leerlo despacio, y hablar con Dios sobre cómo aquello que está allí narrado (gestos de Jesús, reacciones de los apóstoles, parábolas…) tiene algo que decirte sobre tu vida hoy.

ORACIÓN:

¡Virgen Santísima, que agradaste al Señor y fuiste su Madre; inmaculada en el cuerpo, en el alma, en la fe y en el amor! Por piedad, vuelve benigna los ojos a los fieles que imploran tu poderoso patrocinio. La maligna serpiente, contra quien fue lanzada la primera maldición, sigue combatiendo con furor y tentando a los miserables hijos de Eva. ¡Ea, bendita Madre, nuestra Reina y Abogada, que desde el primer instante de tu concepción quebrantaste la cabeza del enemigo! Acoge las súplicas de los que, unidos a ti en un solo corazón, te pedimos las presentes ante el trono del Altísimo para que no caigamos nunca en las emboscadas que se nos preparan; para que todos lleguemos al puerto de salvación, y, entre tantos peligros, la Iglesia y la sociedad canten de nuevo el himno del rescate, de la victoria y de la paz. Amén.

TRIDUO EN HONOR A LA INMACULADA CONCEPCIÓN- PRIMER DÍA

TRIDUO EN HONOR A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

DÍA PRIMERO

¿ COMO SERÁ ESTO, PUESTO QUE NO CONOZCO A VARÓN?

“María respondió al ángel: « ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios».”  Lucas 1, 34-35

LA FE DE LA VIRGEN MARÍA.

María es invitada a creer en una maternidad virginal , se le pide que acepte una verdad jamás enunciada antes. Ella la acoge con sencillez y audacia. Con la pregunta: «¿Cómo será esto?», expresa su fe en el poder divino de conciliar la virginidad con su maternidad única y excepcional.

En la realización del designio divino se da la libre colaboración de la persona humana. María, creyendo en la palabra del Señor, coopera en el cumplimiento de la maternidad anunciada.

EL PAPA FRANCISCO NOS DICE:

“María como buena madre nos educa a ser, como Ella, capaces de tomar decisiones definitivas, con aquella libertad plena con la que respondió “sí” al plan de Dios para su vida. ¡No tengamos miedo de los compromisos definitivos, de los compromisos que involucran y abarcan toda la vida! ¡esto es libertad! Tener el coraje de tomar decisiones con grandeza.”

NUESTRO PROPÓSITO:

Pidamos  a la Virgen María que nos ayude a tener, como Ella, un corazón grande y generoso, disponible para aquello que Dios quiere para nuestra vida, con la seguridad de que, aunque a veces requiera un poco de esfuerzo, siempre Dios quiere lo mejor para nosotros y  que seas feliz.

ORACIÓN:

Inmaculada Madre de Dios, Reina de los cielos, Madre de misericordia, abogada y refugio de los pecadores: he aquí que yo, iluminado y movido por las gracias que vuestra maternal benevolencia abundantemente me ha obtenido del Tesoro Divino, propongo poner mi corazón ahora y siempre en vuestras manos para que sea consagrado a Jesús.

A Vos, oh Virgen santísima, lo entrego, en presencia de los nueve coros de los ángeles y de todos los santos; Vos, en mi nombre, consagradlo a Jesús; y por la filial confianza que os tengo, estoy seguro de que haréis ahora y siempre que mi corazón sea enteramente de Jesús, imitando perfectamente a los santos, especialmente a San José, vuestro purísimo esposo. Amén.