Sábado Santo: Celebramos la Vigilia Pascual

En la noche del Sábado Santo celebramos la Vigilia Pascual:

Durante la Vigilia Pascual se realiza tres actos importantes que inicia con la Celebración del fuego en donde el sacerdote bendice el fuego y enciende el cirio pascual. En este acto se entona el Pregón Pascual que es un poema escrito alrededor del año 300 que proclama que Jesús es el fuego nuevo.

Se da también la liturgia de la Palabra donde se leen siete lecturas, desde la Creación hasta la Resurrección, siendo la lectura del libro del Éxodo la más importante que narra el paso de los israelitas por el Mar Rojo cuando huían de las tropas egipcias siendo así salvados por Dios, de la misma manera recuerda que Dios esta noche nos salva por su Hijo.

El tercer acto es cuando la Iglesia entera renueva sus promesas bautismales renunciando a Satanás a sus seducciones y a sus obras, se bendice la pila bautismal o un recipiente en representación y se recita la letanía de los Santos que nos une en oración con la Iglesia militante y triunfante.

«Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, su descenso a los infiernos y esperando en oración y ayuno su resurrección (Circ 73).

Es el día del silencio: la comunidad cristiana vela junto al sepulcro. Callan las campanas y los instrumentos. Se ensaya el aleluya, pero en voz baja. Es día para profundizar. Para contemplar.

Bendición del cirio pascual

El ritual de la bendición se realiza en las parroquias cada año en la Vigilia Pascual, la noche del Sábado Santo, “la madre de todas las santas Vigilias” (san Agustín).

Su nombre proviene de la palabra hebra “pasach“, usada para referirse a la fiesta de la Pascua Judía.

El ritual de la bendición y encendido del cirio comienza con los fieles, cada uno con una vela, reunidos en torno a una hoguera o Fuego Santo. La iglesia está a oscuras como representación de la oscuridad que reinaba en el sepulcro dónde estaba el cuerpo de Cristo después de haber sido crucificado.

Después de bendecir el fuego, se marcan unas señales en el cirio: una cruz, las letras “Alfa” y “Omega” y las cifras del año en los ángulos de la cruz.

La cruz es tradicionalmente el símbolo de Jesús. En un cirio de Pascua representa a Cristo y la luz eterna que nos da a todos nosotros, sirviéndonos de guía en las penumbras.

Liturgia de la Palabra:

Después de la Celebración del fuego nuevo, se sigue con la lectura de la Palabra de Dios. Se acostumbra leer siete lecturas, empezando con la Creación hasta llegar a la Resurrección.

Una las lecturas más importantes es la del libro del Éxodo, en la que se relata el paso por el Mar Rojo, cómo Dios salvó a los israelitas de las tropas egipcias que los perseguían. Se recuerda que esta noche Dios nos salva por Jesús.

El agua bendita

El agua bendita es el símbolo que nos recuerda nuestro Bautismo. Es un símbolo que nos recuerda que con el agua del bautismo pasamos a formar parte de la familia de Dios.

A todos los que ya estamos bautizados, esta liturgia nos invita a renovar nuestras promesas y compromisos bautismales: renunciar a Satanás, a sus seducciones y a sus obras. También, de confirmar nuestra entrega a Jesucristo.

DOMINGO DÍA DEL SEÑOR – DOMINGO PASCUA DE LA RESURRECIÓN DEL SEÑOR

DOMINGO 1 DE ABRIL DE 2018 – DOMINGO DE RESURRECIÓN

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (10,34a.37-43):
……Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.  Leer 1ª Lectura

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3,1-4):
……Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.Leer 2ª Lectura

 

Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

……Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. Leer Santo Evangelio

 

 

Viernes Santo: Muerte de Cristo en el Calvario

La consumación del sacrificio de Jesucristo y de la gloria eterna del hombre.

El  Viernes Santo recordamos  el drama inmenso de la MUERTE DE CRISTO EN EL CALVARIO. La cruz erguida sobre el mundo sigue en pie como signo de salvación y de esperanza.

REZAMOS EL VIA CRUCIS

Como es  costumbre rezamos el Vía Crucis, también conocido como Camino a la Cruz. Con este rezo, acompañamos a Jesús en sus horas finales, mientras se repasan los catorce momentos (o catorce estaciones), desde su condena hasta su muerte y sepultura.

La celebración

El altar luce sin mantel, sin cruz, sin velas ni adornos. Recordamos la muerte de Jesús. El sacerdote se postra en el suelo ante el altar al comienzo de la ceremonia. Son la imagen de la humanidad hundida y oprimida, y al tiempo penitente que implora perdón por sus pecados.
La vestimenta es  roja, el color de los mártires: de Jesús, el primer testigo del amor del Padre y de todos aquellos que, como él, dieron y siguen dando su vida por proclamar la liberación que Dios nos ofrece.

La Entrada

La impresionante celebración litúrgica del Viernes comienza con un rito de entrada diferente de otros días: el sacerdote  entra en silencio, sin canto, vestidos de color rojo, el color de la sangre, del martirio, se postran en el suelo, mientras la comunidad se arrodilla, y después de un espacio de silencio, dice la oración del dia.

ADOREMOS LA CRUZ

Llega el momento en el que pasamos a una acción simbólica muy expresiva y propia de este día: la veneración de la Santa Cruz que es presentada solemnemente  a la comunidad, cantando tres veces la aclamación:

Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. «VENID A ADORARLO», y todos nos arrodillamos unos momentos cada vez; y entonces vamos, en procesión, a venerar la Cruz personalmente, con una genuflexión (o inclinación profunda) y un beso (o tocándola con la mano y santiguándonos); mientras cantamos las alabanzas a ese Cristo de la Cruz:
«Pueblo mío, ¿qué te he hecho…?» «Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza…» «Victoria, tú reinarás…»